1A veces despierto sintiendo distancia
y entonces procuro olvidarme las llaves,
mudarme de tantos abriles
torciendo la línea del tiempo,
y de niebla;
del amarillo que forcejea
desde el oscuro hasta la mañana,
haciendo lo posible
haciendo lo que sabes,
haciendo para que nadie entienda,
con mi asistencia y esmero.
Escalo estos episodios
dejándolos allí,
a la intemperie de los meses,
a la suerte de la mala memoria,
a la naturaleza o el destino,
quizás.
Pero abrigo esos campos que aún viven,
girasoles sembrados al norte,
olvidando sin perdernos del todo,
de la inexistencia.
En el delta de mis inquietudes,
he de quedar callado
como piedra en el zapato
que siempre quiso andar.
