
Te respiro lleno de aristas
sabiendo lo urgente del viaje,
maretazos cubriendo las millas
de los prófugos y su querencia,
del percudido que agita el pañuelo
con los muelles y las gaviotas,
en la liturgia de estrellarse contra la noche.
He sabido extraviarme en el tiempo,
en las esquinas de cada rizo
imitando el recuerdo y las muecas
el cándido alegrarse de tus rulos.
Pero no te atolondres, que ya termino.
Te fuiste hace mucho sin moverte de tu sitio,
llenando de mudanza cualquier horizonte,
sabré irme un día de estos,
ya mirando a todas partes
mientras tanto no hay apuro.
He agendado una cita cada enero,
libre del burdo consentimiento
no espero que llegues, solo quiero esperar
contentar al vacío y su capricho
al otro lado de la mesa.

