Pasos

 

El horizonte es un pasillo de zapatos marchando en direcciones opuestas.

A la izquierda se camina con la mirada puesta en el bien que vendrá, aunque llevan años esperando sin devenir nada apreciable.
A la derecha, creen que lo bueno quedó atrás, que el futuro está en el pasado, que hay que volver a los tiempos mejores.
Desconfían unos de otros. Algunos están tan seguros de su sitio en la cuerda que sienten el derecho de decir cómo deberían ser las cosas, aunque nadie pida su opinión.

Hay zapatos que llegan lejos, que cruzan tierras desconocidas. Otros saben quedarse de pie, firmes, vigilantes, sin moverse un paso.

A veces me falta calzado, quiero decir: no calzo en ninguna parte, y no gusto quedarme de pie como cualquiera de los descalzos.

Al fin, es bueno andar, hacer crecer el cuero bajo las plantas, resistir la aspereza del camino.

Tal vez valga la pena esa faena: llegar a lo insospechado, dar sentido a las huellas, encontrar una dirección y dejar de ser solo zapatos formando filas opuestas en los pasillos interminables de la contrariedad.

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