Más allá de las colinas te encontraré, porque no temes mirarme. Mis suelas por igual surtieron ciudades o desiertos, se hundieron en el fango de las miradas esquivas, las verdades inciertas que me ofrecieron el salario de lo que quería escuchar. Parece un buen negocio pero no, no he conseguido un alma capaz de sostenerme la mirada.
Una tarde cruce un pueblo fantasma, allí nadie se dio el lujo de esquivarme y por un rato fui feliz de no tener nada que esperar.
Sus constructores debieron mirar la piedra, el muro, el ladrillo. Debieron mirar la mañana filtrándose en el algodón que nubla la llovizna, el húmedo aclarando el rocío de las hierbas, el fenecer del día detrás de las montañas. Con suerte se miraron al espejo, la cruda verdad que no pudieron esconder en su propia mirada. Pero es el pasado y sus miradas se pierden bajo la tierra, sin tiempo para arrepentimientos, y sin ofrecer honestidades.
Desde esa frente mechada de serpiente, sabes mirar para siempre y no escondes tus verdades concretas cómo la piedra. Eres auténtica y no cambias, no hay rubor que te maquille, no hay pestaña que te embellezca, eres ciertamente; con toda verdad. Y así es como te llevas mi anhelo, mi sed de una mirada sostenida, el deseo espeluznante que me limpie de la duda. En tí encontrar rotundidad, aún siendo la verdad que me secuestra de la muerte.
Por eso subo montañas, desciendo acantilados, navego llanuras. Por eso te busco, mirada rotunda que hace mis verdades concretas, definitivas, eternas. Porque nada temes y nada escondes, porque das tu mirada absoluta e inamovible. Los mortales te odian como a un monstruo y odian tus ojos sin dudas, sin discreción; desnudando hipocresías insoportables para sus propios dueños. Y si acaso he de avergonzarme de algo, tu lo sabrás con solo mirarme y entonces toda mi verdad y mi vergüenza será al unísono y de pronto, una sola materia, honesta y atemporal.
Cuando sea una piedra no habrá duda ni inquietud. Seré concreto y consistente. Cuando sea una piedra todo en mi será rotundo y no habrá lugar para otra materia. Cuando sea una piedra perduraré amparado de la muerte y de la vida.
Cuando sea una piedra no importarán las miradas esquivas que la vida me supo ofrecer.

