Escolopendras

Tu cuerpo sazona gladiolos,
pétalo y polen que visten la niebla.

Derrites la tarde con lozas de yeso
con malas plegarias y salmos de hiena.

Y huyes brincando sin piernas,
cruzando paredes;
escrutas la noche con ojos vaciados.

Espantoso cuando asomas,
cuando brotas del muro y deambulas
cuando arrastras tu pena flotante
por encima del liquen;
por debajo del aire.

Y sabes que eres la nada,
que tu sustancia es recuerdo
que el recuerdo es pasado,
que el pasado no existe.

Y eres espasmo de pupilas,
dolor de retinas
rechino que afloja los dientes.

Y eres estiércol fecundo
y eres humus viajero
y eres compost y lombrices
y lecho de escolopendras,
allí debajo
donde nadie va a mirar.

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