Con mi parte que calla puedo aprender y darme cuenta; puedo observar y puedo
entender. Puedo emprender y proyectarme, puedo decidir, esperar; ponerme en
movimiento o quedarme quieto.
Con mi parte que calla puedo ser testigo y fingir que no he visto nada, que no pasa
nada, que nada me afecta. Puedo aguardar para ver el desarrollo de las cosas y
saber cuánto vale la palabra de alguien, quién habla por hablar, quién miente,
quién finge y pretende, quién disfuerza, quién teme; quién odia. Puedo saber
qué tan víctima es la víctima y cuanto de verdugo se esconde en ella. Puedo
leer el silencio de otros que también callan, que se apartan y te quieren
lejos; puedo sentir la distancia y sus reservas, puedo intuir la intención que
esconden y oler sus pasiones.
Con mi parte que calla he descubierto la pólvora, he pasado desapercibido, he
fingido que duermo y he evitado mentir. He dado discursos, he escrito
canciones, he pintado paisajes y flores. He visto al horizonte y sentido la
ausencia, me he quebrado de tristeza, he apagado la luz, me he quedado solo.
Con mi parte que calla despierto a menudo y solo quisiera alejarme del ruido y
las voces que obligan y rompen mi parte que calla.
Con mi parte callada he sido generoso, he permitido a quien quiere tener razón, que
la tenga; y quien va diciendo cómo deberían ser las cosas, no encuentre
objeciones. He permitido que cada quien se dé cuenta a su tiempo; o que no lo
haga, si su deseo es la ceguera; porque mi parte callada sabe que no soy
maestro de nadie, que vengo a aprender y para eso he de permanecer callado.
A veces le hablo a mi parte que calla y me hace callar de inmediato, me hace
decir en silencio y observar, siempre observar.
Con mi parte que calla he tocado fondo y me he acompañado en la subida, me hizo
entender que nadie vendría, que puedo encontrar el camino y salvarme, que no
dependo de nadie, que puedo volverme más sabio. Con mi parte que calla he
sabido alegrarme, contarme chistes, decirme cosas amables.
Con mi parte que habla he dicho sandeces y pretensiones, he murmurado de otros
ocupando mi mente con vidas ajenas. Con mi parte que habla me alejo del sentido1
común, me he metido en problemas y he metido en problemas a otros. Con mi parte
que habla me he arrepentido de haber hablado, aunque a veces haya sabido decir
cosas hermosas. Por cierto, lo más hermoso que mi parte que habla sabe decir, y
las personas siempre reciben con beneplácito, es una sola palabra: gracias.

