Ensayos

En la cuesta de lo inesperado, desde la mañana hasta el final del día, ahí te espero sentadita, sutil y llena de nada

Son las seis cuarenta. Amaneció en todas partes menos entre mis sábanas. Miro al rededor y ensayo un bostezo que resultó ser suspiro; ensayo ubicar mis sandalias y ensayo alcanzar mi teléfono, revisar los mensajes que nunca recibo, tontear entre el menú y el rebote de los aplicativos; y el patético retorno al punto de partida: son las seis cuarenta.

El resto del día son otros ensayos. Ensayo trabajar, ensayo interesarme por algo. Ensayo que no tengo recuerdos. Ensayo vivir este instante, dar muecas al futuro. Ensayo estar bien. Ensayo escribir un ensayo y ensayo que no me gusta. Ensayo tomar una siesta. Ensayo buscar a un amigo. Ensayo callar lo que tengo deseos de decir.  Ensayo comerme la cena aún después de haber comido.

Ensayo volver a la cama habiendo ensayado el día entero. Ensayo dormir con placer,

ensayo que no me despierto con sobresaltos ni pierdo el sueño hasta las seis y cuarenta, ensayo que no echo de menos a nadie. Ensayo que no me quedo pensando en estas cosas cada día. Ensayo que no ensayo absolutamente nada, que he pasado del simulacro a la realidad, que puedo vivir una vida. Ensayo que soy alguien. Ensayo que dio la tercera llamada y subo a las tablas. Ensayo que esto solo es una actuación, una obra para el entretenimiento de la tribuna. Aplausos. Gracias. Ensayo que soy el último en salir. Ensayo que apago la luz.

Y saliendo de mis ensayos, allí estás. No te extrañé ni un poco, jamás lo hago. Admiro tu perseverancia de siempre esperarme, sentadita en donde quiera y siempre llena de nada.

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