Es el vértigo hundiéndose en mis costillas
y el suelo frenético acercándose.
Los últimos milímetros aéreos
sin tiempo para pensar en milagros.
Un montón de nanosegundos trenzados,
buscando aferrarse al vacío.
Es latente ceguera en bocados
que nadie querrá probar.
Es la nada volviendo insignificantes
todos los verbos y sustantivos.
Y mis sombras. Y mis luces.
Y mi todo acabando
sin volver a empezar.

