«Qué hacía despierto a esas horas» es la parte más habitual de las explicaciones que debo dar para mantenerme dentro del marco de lo normal. Debo darlas con cierta regularidad aunque no siempre es fácil. ¿Pero qué hago? escucho las paredes, los cachivaches olvidados de la azotea y el dialogo de los ganchos de ropa; veo arañas suspendidas entre las luces y espero escondido para poder cazarlas o al menos escapar a tiempo si el valor no está de mi lado. Y aprovecho para bajar a la cocina por un pan con huevo frito. ¿Qué hacía despierto a esas horas? No sé. No puedo explicarte. No siempre estoy trabajando; muchas veces no lo estoy. Leo unas notas o garabateo, escribo cosas que no termino. El balcón me ayuda a diseccionar mi calle en tantos pedazos como barrotes posee. Recordar que no regué las macetas y volver por otro pan con huevo frito. Saco la cámara y practico en baja velocidad para ver qué pasa, disparo aquí o al otro lado, escucho un grillo, pasa un automóvil, tarareo una canción que me acabo de acordar. Guardo la cámara.
¿Qué hago despierto a estas horas? No sé. Pierdo mi tiempo supongo. Mañana llegaré tarde aunque no tengo que ir a ningún lugar, y casi no habrá recuerdos de estas horas porque son ninguna y en este lugar nada está sucediendo en concreto. Escucho algo y trato de averiguar de dónde proviene el sonido, saber de qué se trata. Bebo de un vaso con agua. Cuando caiga rendido y despierte más tarde, no podré decirte la verdad, no sabré explicarte qué hacía despierto a esas horas, inventaré alguna cosa que me siga manteniendo dentro del marco de lo normal.

